Casa de Cultura, UAEM Tlalpan
Humanismo que transforma

 

Las formas de la ausencia

 

Tomar posición…Practicar una grieta, una fisura en un estado ineluctable. Inventar, afirmar una forma, pero como en negativo.

George Didi- Huberman

 

abajo

 

Ileana Diéguez
Ciudad de México, agosto 2015.

La puesta en relación de estas acciones –éstas que percibimos en forma de imágenes, videos, fotografías, textos, pero que sobre todo son acciones– enuncia una constelación de ausencias y afectos que implica"un remontaje del tiempo padecido";.1 Ellas dan cuenta de los "ritos de pasaje", de los actos de duelo que Tamara Cubas emprendió con su familia para conjurar el olvido, para dar forma a una ausencia.

Dar forma a la ausencia es un gesto arcaico y fundante, como explicita aquel relato de Plinio el Viejo en torno al trazo de la doncella de Corinto por ausencia de su amante, dando lugar al origen vestigial de la pintura. Por ello, es también un trazo de restos, un gesto melancólico, un acto de duelo. En la voz de Didi-Huberman, el gesto morfológico y artístico es siempre "la supervivencia fantasmática de una desaparición".2

En abril de 1975 tuvo lugar la desaparición forzada de Omar Cubas, el tío de Tamara y Leticia; el hermano de Luis, de Mirtha, de Elsa, de Mireya; el hijo de Elida. Y el exilio también forzoso de prácticamente toda la familia Cubas. Alrededor del 2009, Tamara emprende una serie de acciones consigo misma y con su familia, generadas por la perturbación de aquella ausencia. Veinticinco años después, ya en democracia, los integrantes de la familia presentan ante un juez la declaratoria de desaparición de Omar Cubas.

Las primeras acciones propuestas por Tamara y realizadas en el entorno familiar, implicaron la recuperación de narrativas, de cartas; la producción de nuevos relatos, de acciones, de trazos cartográficos. Abrir el baúl donde Elida atesoraba la cruzada de cartas sostenida entre sus hijos y nietos. Ubicar sitios en Montevideo, escuchar de viva voz de los protagonistas qué había ocurrido allí, qué experiencias marcaron sus vidas en los años difíciles de la dictadura cívico-militar que vivieron los uruguayos, entre el 27 de junio de 1973 y el 28 de febrero de 1985. Fue emergiendo así un archivo familiar de documentos recuperados por el arte de hacer contar la experiencia. Pero también emergieron acciones y apuntes ensayísticos que Tamara -performer y coreógrafa- emprendió implicando su propio cuerpo en la obstinada necesidad de saber qué le sucede a un cuerpo en la caída, cómo habitar la horizontalidad, cómo experimentar la pérdida del control corporal e imaginar una disolución, una des-figuración. Estos dos niveles de registros, el documental y el ficcional, dieron pie a una plataforma archivística que Tamara tituló La Patria Personal.

Pero si bien fue éste el primer tejido de experiencias, de afectos, de encuentros y relatos que propició a la familia Cubas enunciar el dolor y hacerlo público, La Patria Personal fue también la matriz que hizo crecer y transformar numerosos actos, acciones, obras de distintos formatos: éstas que están aquí ante nosotros como huellas de todo lo que nos acontece en tiempos oscuros.

La puesta en relación de las acciones-obras que conforman Las formas de la ausencia, no está dirigida a recuperar "por semejanza" lo perdido, no pretende mostrar una forma específica, una imagen única, sino un tejido de añoranzas y deseos. La forma no se cierra sobre ninguna imagen del desaparecido, no busca atrapar su inquietante aleteo fantasmal. Sabiendo sobre todo que ninguna imagen restituye, que se puede apenas persistir en el dolor y el amor que funda el duelo para exhumar la ausencia y darle un cuerpo de afectos que conjure una segunda desaparición. No se apuesta a la representación fantasmal de la desaparición, sino a la huella y diseminación del acontecimiento en los que sobreviven. Y al apuntar cuánto se pierde cuando la vida debe imponerse como sobrevivencia en la fragilidad de los exilios, se insiste también en lo que sobrevive, lo que nos sobrevive por la persistencia de los afectos pese a todo lo sufrido.

Walter Benjamin nos ha regalado dos potentes metáforas que quizás nunca antes fueran tan necesarias, tan urgente recuperarlas y hacerlas nuestras. Una, es su reflexión sobre la posible relación entre narración y los procesos de curación, y que deseo retomar como una interrogante respecto a la posible relación entre narración y duelo (no curación). La otra, es su afirmación de que para conocer las "circunstancias" debemos comportarnos como excavadores, desenterrar una y otra vez, revolver como se revuelve la tierra, porque sólo así podremos arrancar alguna luz y alguna imagen que nos permita entender lo que somos, y agrego: los pedazos que somos.

Qué desenterramos, qué fantasmas, qué ausencias convocamos en el acto de excavar aquí hoy nuestras propias "circunstancias", abriendo los ojos y tomando posición.

1 Citando a Didi-Huberman (2015), en sus reflexiones en torno a la producción de Harun Farocki, Remontajes del tiempo padecido. El ojo de la historia, Biblos, Buenos Aires.
2 Georges Didi-Huberman, (2008), Ante el tiempo. Historia del arte y anacronismo de las imágenes, Adriana Hidalgo, Buenos Aires.
3 Walter Benjamin, (2011). Denkbilder. Epifanías en viajes, El Cuenco de Plata, Buenos Aires.

 

Tamara Cubas,

12 de agosto de 2015

Hace unos años, en mi cumpleaños número 37, mi tía Mirtha me trajo algo de regalo, alegando que me correspondía. Se trataba de una foto en la que estoy yo a los dos años, en una típica imagen, jugando en una plaza infantil. En el dorso decía: "Para mi tía Mirtha, que la quedé esperando en Navidad". En el tiempo de la foto nosotros estábamos en Buenos Aires, exiliados de la dictadura uruguaya. Mirtha fue capturada antes de poder sumarse a mis padres que habían logrado salir a tiempo. Cuando ella es capturada se lleva consigo algunas pertenencias, entre ellas esta foto. Al salir, al cabo de 7 años, solo recibe su carnet de identificación civil vencido y esa foto. "Si esto sobrevivió esa historia, debe volver a ti", me dijo.

Poco tiempo después alguien le acerca a mi hermana un fotograma donde se aprecia una silueta pintada en un muro de Buenos Aires con el nombre de mi tío. Mi familia no había presentado la denuncia por desaparición forzada hasta el momento. Algo sucedió cuando mi hermana recibe esa imagen y se la muestra a la tía Mirtha, algo en ese hecho detona que ambas decidan juntas iniciar el proceso de denuncia de la desaparición de Omar.

De pronto me doy cuenta de una coincidencia que me impacta: en ese momento tengo yo 37 años; 37 años tenía mi tía Mirtha cuando logra salir de la cárcel y se refugia en el exterior; 37 años mi padre cuando regresa del exilio con mi madre, mi hermana y yo; 37 años tenía mi tío al momento en que lo desaparecen los militares.

El proceso de investigación para la denuncia por la desaparición de Omar no ha sido lineal. Se avanza un poco, se detiene por un tiempo, vuelve a avanzar. El proceso depende de la familia que lo impulsa y lo sigue, la relación emotiva con el tema no es lineal, el proceso sigue a la par de la línea emotiva de la familia.

Mi abuela buscó a su hijo desaparecido Omar toda su vida; lo buscó por comisarías, hospitales, cárceles, en Uruguay y Argentina. Veinte años después de la desaparición de Omar, horas antes de morir, ya muy débil, y con pocos momentos de conciencia, mi padre se acerca a saludarla y le dice "Hola mamá, ¿sabes quién soy?". Ella responde: "Claro que sí, sos Omar".

A propósito de esta exposición nos juntamos con mi familia para bordar cartas. Esto ha hecho que nos volvamos a reunir, a charlar y a producir, como antes los habíamos hecho cuando necesitamos trabajar simbólicamente en torno a lo vivido durante los años de dictadura. Nuevamente mi tía Mirta me acompaña en el proceso de convocar a las demás tías, conversar con ellas, trabajar sobre la idea. Como antes, su compañía no solo colabora con lo propuesto sino que me posibilita seguir aprendiendo de ella. En una de esas charlas me cuenta que a los 16 años, miró hacia la derecha y hacia la izquierda, a un lado y al otro, y pensó: "Algo más debe haber en la vida, si esto es todo, que me devuelvan el dinero". Desde entonces y hasta hoy en día con sus 70 años, el sentido de su vida es contribuir a que este mundo sea un mejor lugar. Ayer la encontré en una foto en internet, participando de la acción convocada por artistas de la danza frente a la embajada de México en Uruguay, en repudio a los asesinatos que ocurrieron en la Narvarte.

 

El día más Hermoso


HD, 6 minutos.
Cámara: Pablo Abdala.


Así finaliza Mirtha Cubas una carta a su hermana Elsa, escrita el 23 de junio de 1981 desde la prisión en la que permaneció siete años y donde era identificada con el número 286: "El día más hermoso aún no lo hemos vivido".

Retomando el lenguaje de señas que permitía a las presas políticas comunicarse silenciosamente por debajo de las puertas de los calabozos, Mirtha Cubas cuenta en este video un sueño frecuente durante aquellos años.


 

 

Cartografía


8 montajes de 46 x 33 cm c/u
Fotografía y montaje de recortes textuales con diversas tipografías sobre passepartout.
Creación de audios: Tamara Cubas y Gabriel Calderón

 

Tamara pide a algunos de los hermanos Cubas, incluyendo a su padre Luis, fotografiar algún sitio de la ciudad de Montevideo que estuviera vinculado a acontecimientos vividos. En los archivos de la Biblioteca Nacional de Uruguay, la artista buscó los discursos de los militares publicados en los diarios durante la época de la dictadura, y fotografió clandestinamente aquellas palabras que pudieran contar los relatos de sus familiares. Estas son las palabras arrancadas a la historia oficial para contar las pequeñas memorias personales.

La instalación incluye un registro sonoro que fusiona fragmentos documentales, elaboraciones ficcionales y reflexiones que interpelan nuestra relación con el contexto.

 

Nombrar a los ausentes


Acción colectiva, 20 de agosto de 2015


Lectura de nombres de desaparecidos y asesinados en México a partir de los fragmentos de listas propiciadas por algunas organizaciones de familiares como FUNDENL; Colectivos como Campo de Ruinas y colaboradores como Cordelia Rizzo, Gisela Cortés, Laura Furlán, Violeta de la Aurora y otras personas que de manera anónima hicieron llegar algunos nombres.
Algunas de las organizaciones contactadas para esta acción manifestaron no poder proporcionar información por protección a los familiares que buscan a sus seres queridos.
La acción propuesta inicialmente por Tamara Cubas, fue rebasada por nuestra dimensión vestigial. La imposibilidad de contar con una lista real que pueda dar cuenta de los miles de desaparecidos y asesinados en estos años de guerra en México es parte del miedo y el horror en el que estamos sumergidos, a la vez que enuncia los límites y desafíos para representar las desapariciones forzadas y las muertes violentas.

 



Manual de instrucciones para sobrevivir a una catástrofe


Impresión láser sobre papel
Láminas de 28 x 43 cm
Diseño gráfico: Francisco Lapetina

Instrucciones transmitidas por los hermanos Cubas a partir de la premisa "Algún conocimiento práctico aprendido en el pasado que pueda llegar a ser de utilidad".

Tamara Cubas - Caídas
Tamara Cubas - Caídas
Tamara Cubas - Caídas
Tamara Cubas - Caídas
Tamara Cubas - Caídas

 

No. 286, Sector E


El título de esta acción da cuenta del número con el que fue identificada Mirtha Cubas durante los siete años vividos en el Sector E del Penal de Libertad, en el Departamento de San José, Uruguay.

Tamara Cubas se expone ante una doble cámara. Un fotógrafo dispara mientras otra máquina registra el acontecimiento. "Diríase que aterrado, el Fotógrafo debe luchar para que la Fotografía no sea la Muerte", nos recuerda Roland Barthes (La cámara lúcida, 1989).



Bordando desde el Sur


Conjunto de tejidos bordados por la familia Cubas desde Montevideo, Agosto 2015

 

"El mundo está interconectado afectivamente, ese es el mejor muro de contención contra la injusticia", Luis Cubas.

A partir del viaje que realiza Tamara Cubas a la Ciudad de México, en junio de este año, donde conoce los bordados realizados por los familiares y ciudadanos que buscan visibilizar los asesinatos y desapariciones forzadas, y a partir también de las conversaciones sostenidas en Montevideo con Verónica Cordeiro, Tamara propone a su familia reunirse para bordar pañuelos y tejidos que en gesto solidario puedan ser enviados a la sociedad civil mexicana.

La extensa carta enviada por Elsa Cubas se terminó de bordar en México con la colaboración de: Cordelia Rizzo, Elia y Tania Andrade, Magdalena Leite, Aníbal Conde, Rocío Cárdenas, Daniela Carro, Nadia Lartigue, Helena Bastos, Gisela Cortés, Alicia Pérez, Evelin Meza, Amarilis Pérez Vera, Yohayna Hernández, María Cerdá, Sofía y Leonardo Aguilera, Gastón Alzate, Paola Marín, Carmen Lechuga, Eduardo Bernal, Tamara Cubas e Ileana Diéguez.

Bordando desde el sur
Bordando desde el Sur
Bordando desde el Sur
Bordando desde el Sur
Bordando desde el Sur
Bordando desde el Sur

 

Fragmentos de cartas



Durante varios años la familia Cubas vivió un exilio forzoso en varias ciudades: México, Santa Clara-Cuba, Buenos Aires, Winnipeg, Bruselas, Montevideo y en el Penal de Libertad, Departamento de San José, donde estuvo recluída la tía Mirtha.

Cientos de cartas cruzaron continentes y mares para transmitir los afectos, las pequeñas historias de vidas que hicieron posible que esta familia sobreviviera a la distancia y a las dificultades para comunicarse. Las cartas se enviaban por correos tardaban hasta dos meses, pero también eran enviadas a través de generosos amigos o algunos (des)conocidos que hacían de mensajeros.

Después de leer una y otra vez estas cartas, pienso que ellas representan hoy no sólo los trazos del dolor que sobre las familias zanjan los exilios, sino la persistencia del amor que hace posible la sobrevivencia de los afectos que aproximan hijos, abuelos, padres, hermanos… Ellas son también entrañables vestigios del arte de contar, y son sobre todo la manifestación de "la huella como expresión de proximidad", como alguna vez dijera Walter Benjamin.

Aunque la selección de esta muestra epistolar es amplia, reproducimos algunos fragmentos de otras cartas que por sus contrastes pueden dar buena cuenta del amor y el dolor vivido en aquellos años y que son también metáforas de lo que se pierde y se gana cuando la vida tiene que reinventarse en los desplazamientos y en los forzosos exilios.

 

De Mirtha Cubas, identificada con el número 286 en el Sector E del Penal de Libertad, el 4 de diciembre de 1976:


La vida se te impone más allá de las angustias, claro que uno es un cúmulo de sensaciones que por momentos parecen contradictorias, a veces le gana la tristeza y la desesperanza, frente a un futuro encuentro.
Pero el mínimo elemento positivo te produce alegría, por eso digo que dentro de lo que es la situación estoy bien. Quisiera que todos ustedes estén bien y contentos, sé que a pesar de no estar juntos estamos más unidos que nunca.

 

Dos años después, Elsa escribe a Mirtha, el 3 de octubre

de 1982:


Yo estoy metida en un montón de actividades, el tiempo no me alcanza para nada, pero tengo una vida plena, y me siento feliz ahora que tú y mamá están fuera de peligro. Estoy afiliada al partido Canadiense, soy miembro del Congreso de mujeres Canadienses que pertenece a la Federación Mundial Democrática de Mujeres (no sé si este es el nombre correcto) pero es una organización nuestra, también estoy en el Comité de Solidaridad con Centro América, y en uno recientemente conformado de Solidaridad con Lebanon, además en el Comité por la Paz y el Desarme.
Hubiera sido bueno poder estar juntas, pero en fin, el exilio no es un paseo, y hay que saber aceptar los contratiempos.

 

De Elsa Cubas, desde Winnipeg, a su hermana Mireya el 28 de abril de 1980:


La verdad que quisiera poder decirte que he superado la negativa etapa en que estaba cuando escribí anteriormente; pero lamentablemente sigo en lo mismo.
No encuentro la manera de insuflarme ánimos, ni de juntar fuerzas para emprender nada; no sé si alguna vez serví para algo, lo que si sé es que el exilio me ha demostrado que puedo no servir para nada.
Yo quisiera irme de aquí, con toda el alma, a cualquier lado a matar mosquitos al Congo o a cuidar cabras a Afganistán, pero irme de aquí y volver a sentir que sirvo para algo.
Es esta "dura cosa del exilio". Uno se siente mal, se siente trasladado contra su voluntad a un medio que no le pertenece; como "sapo de otro pozo", Y se termina muchas veces, como en mi caso metido empecinadamente adentro de uno mismo.
Sería bárbaro decir "Elsa está bien, estudia, milita, trabaja, tienen amigos y sus hijos son una hermosura". Sería como una novela, pero la realidad es otra cosa. Lamentablemente.

 

De Mirtha, desde Bruselas, el 1 de Junio de 1986:


Queridos hermanos! Mañana a esta hora, mamá estará junto a ustedes. Espero que este merecido reencuentro sea de dicha.
Que los niños colmen a esta abuela legendaria, que supo atravesar los cerros del fascismo para llegar a los suyos en cada momento necesario. Les cuento una anécdota, una sola que ejemplifica el conjunto. En una oportunidad en que yo estaba en calabozo, sancionada a rigor, donde no te permiten ningún contacto, no tenés visita; mamá luego de recorrer todas las regiones militares logró verme.
A raíz de esa hazaña, las compañeras del Penal le llamaron "La madre". Con ese mismo espíritu va a encontrarse con ustedes. Ella no ha cambiado nada en esencia y por el contrario se ha enriquecido. Podemos estar orgullosos de su temple.
Yo estoy bien, preparándome para la vuelta y el reencuentro que sin duda está muy próximo.
Mamá contará el resto

Últimas cartas


Fotografía digital de 135 x 30 cm.
Fotografía: Pablo Abdala
Post-producción: Francisco Lapetina


Tres de los hermanos Cubas: Mirtha, Nellys y Luis, transcriben las últimas cartas cruzadas entre ellos durante el período final de la dictadura uruguaya.

 

 

Conversaciones


4 pantallas leds de 100 x 20 cm.


Fragmentos de las cartas enviadas entre Luis, Mary y sus hijas Leticia y Tamara Cubas desde las ciudades de México, Santa Clara-Cuba y Montevideo, durante los años de exilio en que vivieron separados.

 

 

Escritura Fugaz


Mini DV, 20 minutos.
Cámara: Tamara Cubas.


Tamara Cubas transcribe sobre un muro para luego borrar la carta escrita por su tía Mirtha Cubas desde la prisión, un 4 de diciembre de 1976. Una carta llena de amor y aliento, pese a las circunstancias: "Quisiera que todos ustedes estén bien y contentos, sé que a pesar de no estar juntos estamos más unidos que nunca".

 

 

Registro


 

Registro fotográfico del montaje de la exposición Las formas de la Ausencia, que se llevó a cabo en la Casa de Cultura de Tlalpan del 19 de agosto al 30 de octubre de 2015.

Últimas cartas
Últimas cartas
Últimas cartas
Últimas cartas
Últimas cartas
Últimas cartas
Últimas cartas

 

 

Las formas de la Ausencia


Curaduría: Ileana Diéguez
Producción Ejecutiva: Hayde Lachino

CASA DE CULTURA DE LA UAEM EN TLALPAN
Eduardo Bernal Gómez - DIRECTOR, Fermín Carreño Martínez - SUBDIRECTOR ADMINISTRATIVO, Jorge A. Mantilla González - AUXILIAR ADMINISTRATIVO, Alicia Laguna Castillo - VINCULACIÓN ACADÉMICA, Jorge Marcelino Vázquez - DISEÑO GRÁFICO, Manuel Encastin Cruz - EDICIÓN, Juana Carmen Lechuga Barrios - EDUCACIÓN CONTÍNUA, Enrique Urbano Palma Burgos y Alfonso Pedro Moreno Garcés - MUSEOGRAFÍA Y MONTAJE.

AGRADECIMIENTOS
Jorge Vargas, Gabriela Guadalupe Ortiz, Alejandro Navas, Jazzael Saenz, Don Moy, Tomás González, Margarita Grandos.


 
Casa de Cultura de la UAEM en Tlalpan, Triunfo de la Libertad #9 bis, Col. Centro, Tlalpan, Tel. 55 13 58 02